Mis inicios

La primera vez que escribí un poema fue en el colegio. Teníamos la tarea de crear uno, y yo decidí hablar sobre el amor escolar. Aquella tarea fue un descubrimiento personal: me di cuenta de que escribir me hacía perder la noción del tiempo y disfrutar cada palabra que nacía.

Después de aquella tarea escolar, no volví a escribir por un buen tiempo. Fue recién a los 23 años, durante una etapa de depresión —que en ese momento ni siquiera reconocía como tal—, cuando la escritura regresó a mí. Pensaba constantemente en el sentido de la vida y, sobre todo, en el amor.

Llevaba tantas ideas en la mente que comencé a escribir en un cuaderno pequeño, con un lápiz a la mano. No importaba el lugar; cuando las ideas y los pensamientos del corazón aparecían, los dejaba fluir. La poesía se convirtió en un refugio silencioso, una forma de sostenerme.

Durante años, mis poemas permanecieron guardados, en reposo, sin mostrarse al mundo. Sin embargo, nunca olvidé la historia de Gustavo Adolfo Bécquer, quien me recordaba el propósito que debía cumplir.

Mi inspiración

En la etapa escolar conocí la historia de Gustavo Adolfo Bécquer, la cual siempre ha sido una fuente de inspiración para mí. Se cuenta que, antes de morir, él pidió a sus amigos más cercanos que reunieran y publicaran sus obras. Esa historia me recordó, una y otra vez, el motivo por el cual yo también debía compartir lo que escribo.

No tenemos el futuro asegurado. No sabemos qué puede pasar mañana. Por eso, tomé la decisión de mostrar mis obras al mundo y dar vida a mis poemas que constantemente me lo pedían.

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta del romanticismo que inspira la obra de Yelsi Vega.

Mi estilo poético y propósito

Mi poesía nace siempre de una emoción profunda: la vida, el amor, la entrega, la pérdida, el recuerdo, la superación y la sanación.

Me gusta ver el amor en todas sus formas: el que duele, el que enseña, pero también el que ilumina.

Mi propósito es que mis poemas cobren vida en este mundo y lleguen al corazón de quien los lea. Quiero que acompañen en los días felices y también en los más tristes. Que sean ese abrazo silencioso que necesitamos, el consuelo y la paz que, en ciertos momentos, nos falta.